La faringitis o dolor de garganta suele ser el resultado de una infección causada por microorganismos (especialmente virus como el rinovirus, el adenovirus, el herpesvirus y, a veces, bacterias, principalmente el Streptococcus pyogenes) o por irritaciones provocadas por factores ambientales.

Las faringitis pueden ser de dos tipos: AGUDAS y CRÓNICAS.

Las agudas son, en su mayoría, infecciones de origen viral o bacteriano, autolimitadas y que se resuelven rápidamente. Pueden afectar solo la faringe o ser consecuencia de infecciones extendidas que afectan las vías respiratorias superiores; es decir, las zonas cercanas a la nariz, los oídos y la laringe.

Es difícil distinguir una faringitis bacteriana de una viral solo en base a los síntomas, ya que son muy parecidos (mucosa faríngea muy enrojecida e inflamada, formación de humor acuoso, dolor al deglutir).

Según la evolución de la enfermedad, las faringitis pueden evolucionar también a formas crónicas; es decir, formas inflamatorias prolongadas (de más de 2 semanas) que con frecuencia resultan estar asociadas a patologías de otros órganos y aparatos, como por ejemplo, enfermedades de la nariz y de los senos paranasales (rinosinusitis crónicas), reflujo gastroesofágico, amigdalitis crónicas y factores climático-ambientales.

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